Los ava guaraní Sauce vivieron el segundo desalojo de su comunidad frente a la hidroeléctrica más grande del mundo. Un grupo de policías quemó sus casas, sus chacras e incluso robó a sus animales. (Foto: Gentileza)

Luego del primer desalojo que vivió la comunidad en los años 80, se vieron obligados a enfrentar cosas desconocidas para ellos, como el hambre y las enfermedades.

Desde el segundo desalojo, los ava guaraní Sauce resisten dentro de la reserva Limoy de Itaipú, cerca de los cultivos de soja más extensos del territorio paraguayo.

Los ava guaraní paranaenses volvieron a sus tierras, que Itaipú les había dicho que se inundarían por completo, pero solo se inundaron parcialmente.

Para la construcción de la represa de Itaipú, el símbolo de progreso más grande de la dictadura de Alfredo Stroessner, fueron desplazadas de su territorio 38 comunidades indígenas, en total 688 familias.

Camino a la Comunidad Sauce, los sojales invaden las que fueran sus tierras ancestrales hasta el límite de la reserva Limoy de Itaipú.

Se realizaron varios operativos para salvar animales durante los años de la construcción de Itaipú, sin embargo no hay mención alguna sobre rescates a los indígenas desplazados, ni de cumplimiento de sus compromisos en su informe.

La comunidad recibió varias amenazas e intentos de soborno de hasta cincuenta mil dólares por parte de enviados de Germán Hutz, un poderoso productor de soja, cuñado del vicepresidente de Paraguay, Juan Afara.

Niños y niñas de la Comunidad Sauce aguardan una comitiva que trae ropas y regalos de Asunción.

El Estado paraguayo aún mantiene una deuda histórica con los ava guaraní paranaenses de Sauce, reparar el daño de la hidroeléctrica que los alejó de su río.

Antes del primer desalojo, los ava guaraní paranaenses eran prósperos y autónomos. Cultivaban mandioca, maíz, banana y batata, y comerciaban con el otro lado del río. Por eso no necesitaban trabajar para yerbateras o madereras.

La comunidad durante un ritual ancestral de protección, impartido por el Chamán o Porãiva a los niños de la misma.

Antes del primer desalojo no existían fronteras para los ava guaraní paranaenses, toda la ribera del Paraná era indígena.

Los habitantes de la comunidad realizan talleres de arcilla brindados por Anahí Siste, ceramista.

Desde chicos, los niños de la Comunidad Sauce aprenden a cazar y a preparar sus comidas. Aquel día, dos niños fueron los encargados de preparar pollitos para el almuerzo en la cocina de su abuela.

La Comunidad Sauce es un lugar de resistencia en el este de Paraguay, área que comprende la mayor zona de producción sojera en el país.

Al llegar a Sauce, las familias reconstruyeron sus casas, sus chacras y pozos de agua. Renacía la vida ava guaraní paranaense en sus tierras originarias.

En la Comunidad Arroyo Guazú, a 40 kilómetros de la Comunidad Sauce, habitan algunos parientes de quienes están resistiendo para recuperar sus tierras ancestrales.

Damián tiene 8 años, es políglota, amante de la naturaleza y del Hombre Araña.

Mujer ava guaraní lava sus ropas a orillas del Paraná. Para la Comunidad de Sauce, su relación con el río y el agua es parte fundamental de su existencia.

Estudios ambientales afirman que la instalación de grandes hidroeléctricas son nocivas para el medioambiente, afectando los nutrientes de la tierra y los cursos de agua.

Damián se despierta listo para bajar hasta la costa del río Paraná, trepando los árboles con destreza.El traje del Hombre Araña fue un obsequio que llegó de Asunción a la comunidad.

Cristóbal Martínez, líder de la comunidad, recuerda a Sauce como un tapỹi guasu - una aldea grande - y que en torno a ella había otras aldeas grandes: Santa Teresita, Limoy, Puerto Adela, Itaybate, General Díaz, Pykyry, Itakuru Pucú, Puerto Marangatú.

Para enseñar, Amada Martínez, hija de Cristóbal Martínez, gestionó un rubro de una escuela de Itakyry que se había quedado sin alumnos.

Amada Martínez, de determinación y mirada fuerte como su madre, Carmen Benítez, y de su abuela, Carmen Sixta Martínez, detallaba cómo destruyeron su aldea, la escuela donde enseñaba, el templo de su comunidad.

El Poder Judicial y la Policía reconocieron luego graves errores cometidos en los procedimientos de desalojo. El Indi y la Itaipú prometieron ayuda que nunca llegó.

A casi un año del violento desalojo, el pasado 18 de agosto la comunidad se retiró de la mesa negociadora que se había instalado con las instituciones responsables, porque ninguna cumplió sus promesas.

Los ava guaraní paranaenses continúan exigiendo la recuperación de su territorio y que el Estado cumpla con sus obligaciones.

En Brasil, el informe de la Comisión Nacional de Verdad (CNV), dedica un capítulo especial a las violaciones de los derechos humanos de los pueblos indígenas. En Paraguay, no figura lo que padecieron los ava guaraní paranaenses en el informe de la Comisión de Verdad y Justicia.

El coloso paraguayo/brasilero, Itaipú, se imponía como el proyecto de mayor envergadura para la historia de ambos países, con la promesa de generar energía «limpia y barata».

Más de 80 millones de personas han sido desplazadas en el mundo por la construcción de Hidroeléctricas, según el informe de la Comisión Mundial de Represas.

Casi cuarenta años después de haber sido expulsados, la Comunidad de Sauce ha vuelto a su lugar de origen para defender a la naturaleza y el derecho a vivir en armonía con ella.


Con reporteo de Robert Irrazábal. Textos de Nadia Gómez