En septiembre de 2015, mil doscientos policías trataron de desalojar a los pobladores de Guahory. En el mismo lugar, hoy se levantan puntales y tablas de madera de lo que serán casas nuevas a lado de los escombros quemados.

La mayoría de las casas del asentamiento están construidas de madera por sus propios habitantes, quienes se enfrentan cotidianamente a la amenazas externas fomentadas por los productores brasileños.

En la comunidad, las casas representan las historias de cada una de las familias que viven allí. Grupo de personas que defiende toda una forma de vida vinculada a la tierra, la agricultura y que corre el riesgo de desaparecer.

En Guahory ahora hay luz eléctrica, escuelas y capillas reconstruidas que forman parte de la vida diaria de más de 200 familias del asentamiento.

La luz de la mañana se filtra en la cocina de Jorgelina Fariña, una de las primeras pobladoras del asentamiento. Allí, desde hace 30 años, prepara el desayuno para su familia cada mañana.

Para pobladoras como Jorgelina los alimentos que se encuentran fuera de la comunidad como los embutidos, el chorizo o el pollo están llenos de hormonas. Sin embargo, los alimentos que ellos producen les provee una dieta saludable.

Manuel Vera en la entrada de su casa, esposo de Jorgelina Fariña, juntos fueron los primeros habitantes del asentamiento. Viven el lugar hace más de 30 años, tuvieron diez hijos y sufrieron tres desalojos.

Jorgelina Fariña y mujeres de la comunidad se reúnen para hablar de sus experiencias en el asentamiento y como ellas resisten cotidianamente a la amenaza de los productores brasileños, la represión del Estado y los constantes desalojos.

Alrededor de una fogata, los pobladores del asentamiento se resguardan del frío. Las tierras fértiles de Guahory resisten a las heladas de los inviernos y permite que sus habitantes aseguren sus cultivos y cosechas.

En el asentamiento, que se encuentra a 250 km de Asunción y solo a 80 de Brasil, las mujeres desgranan los choclos luego de cada almuerzo. Una tarea para la que se juntan para distraerse, charlar y compartir.

Guahory es un pequeño refugio de resistencia para la agricultura familiar campesina. Allí sus pobladores producen lo que consumen en un país que solo destina el 6% de sus tierras cultivables a la producción de alimentos.

Uno de los alimentos que forman parte de la dieta de los pobladores del asentamiento son los peces de colitas rojas que se encuentran en el lago que rodea a las tierras de Guahory.

Paraguay es un país que corre el riesgo de perder su soberanía alimentaria, solo en el año 2014 importó hortalizas por valor de 500 millones de dólares. Con cada vez menos lugares para cultivar, Guahory es un ejemplo de lucha y resistencia.

Para los habitantes de la comunidad cultivar, comer y habitar se traducen en una misma acción que desarrolla en un mismo espacio: su tierra.

Un perro descansa sobre una cosecha de maíz. Durante el último desalojo en septiembre de 2015 los animales y mascotas de los habitantes fueron robados, sacrificados y otros desollados ahí mismo por parte de la policía.

Para los habitantes de Guahory nunca falta un plato de comida. La tierra fértil bajo sus pies les provee de todo lo que necesitan para su vida, es su alimento y su sustento en un país donde uno de cada diez paraguayos come menos nutrientes de lo que necesita su cuerpo.

Las tierras de Guahory, ubicadas en el departamento de Caaguazú, son una de las mejores que existen en Paraguay. Los productores brasileños invanden estas tierras con protección del Estado y son una amenaza constante para el asentamiento.

Gregoria Fernández dejó Ciudad del Este y llegó con su marido Teófilo Olmedo a Guahory para vivir con sus siete hijos. Para ella, en la comunidad hay vida y tiene todo lo que necesita. Ella cría gallinas, cultiva mandioca y cuando mira a su alrededor afirma que “Este es el paraíso que muchos dicen”.

Jorgelina Fariña y Manuel Vera criaron a sus diez hijos con los alimentos que cultivaban en la comunidad y los peces que les provee el lago que rodea a todo el asentamiento. Para ella, los alimentos que producen en esas tierras son los mejores, porque (dan juicio) .

Miliciades Añazco pidió una orden judicial cuando vinieron a desojarlo a él y su familia. Recibió 26 balines de goma, amedrentaron a su pareja Rossana Irala y rompieron la mano de su pequeño hijo, Yamil. Su casa fue destruida y sus cultivos arrasados.

Milciades Añazco y su familia aseguran que con un pedazo de tierra y ganas de trabajar, hay futuro. Por eso resisten. Por una cultura, por el lugar donde nacieron y donde quieren vivir.

A parte de cultivar la tierra, los pobladores de Guahory crían animales domésticos para el sustento económico y diario. Animales como cerdos, patos y gallinas forman parte de la vida diaria de la comunidad.

Eligio Brítez vive en Guahory desde los 5 años y en su chacra cultiva poroto y mandioca para comer. Además, se sustenta con la producción de maíz. Para Eligio, los productores brasileños buscan ahogar a la gente con plata o venenos para cultivos.

En septiembre de 2015 policías contratados por productores brasileños llegaron hasta el asentamiento para desalojar a sus habitantes. Fueron un policía por cada hectárea, destruyendo los cultivos, derribando las casas y robando animales.

Guahory se encuentra a solo 80 kilómetros de la frontera con Brasil. El asentamiento está rodeado de sojales y para llegar hasta allí se deben pasar por varios puestos de control, la mayoría de ellos custodiados por guardias privados contratados por productores brasileños.

Para los pobladores de Guahory la tierra es sus compañía. Ella es la fuente de todo lo que poseen, como alimentos, vestidos, medicinas para su salud y fundamentalmente el espacio en donde viven y comparten con sus familias.

El estado paraguayo propuso a los habitantes de Guahory reubicarlos a unos 60 km de distancia del asentamiento. Emiliano Duarte de 45 años fue hasta allí a conocer las nuevas tierras y se sintió engañado: el suelo no era fértil y la subsistencia allí era imposible.

Guahory es Paraguay. La comunidad es un pedazo de la soberanía paraguaya, detrás de esa lucha se están defendiendo otras comunidades similares alrededor del país. Para sus habitantes el único camino que les queda es la luchar y resistir.

Con reporteo de María Domínguez. Textos de Fernando Ferreira