Optar por una feria como espacio para abastecerse de productos agroecológicos es un movimiento en alza, en donde actores del campo y la ciudad aúnan esfuerzos para lograr mayor vinculación. No solo implica conseguir una oferta diferente, fresca y saludable, sino que es un cambio -o un retorno- de chip para relacionarnos de otra manera en esta interacción de índole social y económica.

Mirándola desde afuera, la plaza es despliegue de colores y algarabía. Casi imposible no atrapar la curiosidad del transeúnte que un rato antes no tenía previsto meterse ahí. Ahora, ya en los vericuetos que forman los puestos campesinos, lo envuelven distintos olores y sabores. Allí, con profundo placer aspira de un tomate el aroma dulzón que no conocía en ese fruto. ¿Cómo es que huele tan diferente?, se pregunta el transeúnte, y del otro lado del puesto responde la voz cualificada de la productora, devenida comerciante, que sembró y cosechó la fruta. El intercambio se concreta y ambos se despiden como grandes amigos.

Las ferias vendrían a ser las versiones itinerantes de lo que son los mercados. Durante décadas del siglo XX, el Mercado Guasu —que estaba situado en la que hoy es la Plaza de la Democracia— fue el epicentro no solo de ventas y trueques de objetos y productos útiles para el hogar. Fue, además, el sitio del que discurrían noticias de lo que hacía la gente del campo, e incluso de intercambio de chismes políticos, cuenta la historiadora Ana Barreto. Esto fue hasta 1940, que es cuando se muda y pasa a ser lo que hoy es el Mercado 4, un sitio también emblemático de ofertas y personajes variopintos.

Nadia Mercado es integrante del movimiento internacional Slow Food Paraguay –Karu Mbegue. Como además es nutricionista, la alimentación es un tema de reflexión diaria para ella. «Este año se hicieron muchas ferias y aumentaron los servicios delivery de productos agroecológicos, ya es algo que se está tornando más seguido y constante. El desafío es que esto se haga de manera semanal y en más ciudades, y que así se convierta en un movimiento económico. A mí me da pena tener que ir al súper y comprar frutas que se traen de afuera, siendo que acá tenemos tanto. Eso pasa porque no se potencian los medios para que ellos [los productores nacionales] puedan colocar sus productos», dice Nadia.

Si bien el movimiento de las ferias agroecológicas está cobrando ímpetu y va incorporando innovaciones en sus apariciones en espacios urbanos, este fenómeno se sostiene en paralelo y pese al supermercadismo, ese modelo de comercio impersonal y acaparador que durante los años 90 casi sofocó a los mercados municipales y ferias vecinales, según explica el economista Luis Rojas. Sí, el supermercado, que con sus características oligopólicas en un solo local vende de todo y cautiva a muchos.

LA TRAMPA DE LA INTERMEDIACIÓN

«El supermercadismo es toda una cultura de la inmediatez, de lo desechable, que viene aparejada con la expansión del mercado mundial y del poder del capital transnacional. Así como el shopping, es el templo del consumo. En su proceso de expansión y por su enorme poder económico, fue eliminando de sus cercanías a todo tipo de competencia de menor capital, como las panaderías, las carnicerías, verdulerías o a las fruterías barriales, incluso las despensas. De igual modo, fueron desplazando a los mercados municipales tradicionales de los barrios», analiza el economista Luis Rojas.

Tan grande es el caudal de capital que manejan que «frente a los proveedores de productos, agrícolas o industriales, los supermercados se constituyen en los principales compradores, y muchas veces abusan de aquellos por su posición dominante en el mercado», sigue diciendo Luis. Esto me recuerda a un detalle que el cocinero Ignacio Fontclara había mencionado en una entrevista reciente: los supermercados reciben los productos y pagan a 120 días, y muchas veces devuelven lo no vendido.

Al vender en las ferias, las productoras pueden cobrar por su producto un mejor precio para el consumidor que vendiendo a los supermercados, pero con más ganancia para ellas.

Para Alicia Amarilla, referente de la Coordinadora Nacional de Mujeres Rurales e indígenas (Conamuri) la feria promueve el valor del trabajo de las productoras que vienen a vender lo suyo de manera directa. Ocurre que en su chacra van los intermediarios y les ofrecen comprar la mandioca, por ejemplo, a 100 guaraníes el kilo, un monto que subvalora todo su esfuerzo. Al vender en las ferias, pueden cobrar por su producto un mejor precio para los consumidores que vendiendo a los supermercados, pero con más ganancia para ellas. Alicia explica que en esas condiciones los productos no tienen por qué tener un precio más elevado que en los supermercados.

Pero una feria no solo promueve tratos más justos para la campesina y el campesino, también plantea que la persona que vaya a comprar de esos espacios encuentre calidez, cercanía y confianza hacia quien le vende algo que va a consumir. Es un espacio de socialización y, como tendencia, suele ser más amigable y humano.

Las ferias motivan una particular conexión entre campo y ciudad • Amadeo Velázquez / Oxfam en Paraguay

ESPACIOS DE SABERES Y SABORES

Esteban tiene una costumbre que casi nadie tiene: lee las etiquetas de los alimentos. En caso de encontrar alguna duda, ya sea sobre la denominación del contenido u otra relacionada a la comida que quiere llevar, ¿a quién podría recurrir dentro de un supermercado para que le brinde una respuesta? Por ese y otros detalles similares le resulta inquietante ir de compras a esos sitios. ¿Qué podrían decirle la cajera, el repositor, la promotora o el guardia? ¿Podría alguien del súper responder, por ejemplo, qué variedades de legumbres se necesitan para hacer un caldo de jopara? ¿O cómo se cultiva el zapallo? ¿Qué relación se establece entre él, consumidor, y ellos?

«Las variedades están desapareciendo. En las ferias podemos hacer comida y hablar con la gente sobre el acaparamiento de alimentos que hacen las grandes empresas y supermercados», dice Alicia de Conamuri. ¿Qué sucede con el maíz? A lo mejor no resulta tan pedagógico convocar a conferencias y debates para explicar los perjuicios que el negocio de los transgénicos está causando en la producción de este ingrediente, que es base de la alimentación en el campo

Alicia propone en las ferias llamar a una gran comilona de avati y mostrar toda la variedad de comidas que con el maíz se puede preparar: so’o apu’a, ka’i ku’a, rora, mbaipy, chipa guasu y muchos otros platos. Nadia, de Karu Mbegue, está en la misma sintonía pues cree que las ferias son espacios pertinentes para rescatar postres populares como, por ejemplo, el ka’i ladrillo. «No tenemos que permitir que acabe y terminar leyendo en los libros que eso antes se consumía», dice con determinación.

El antropólogo Guillermo Sequera comenta que los franceses tienen registradas 365 variedades de quesos que se promocionan y se venden y son un patrimonio cultural, pero ese resultado es parte de un esfuerzo de valoración.

En este sentido, el antropólogo Guillermo Sequera opina que a las ferias hay que dotarlas de contenido.Cree que son espacios propicios para alertar a la población que mayormente está consumiendo veneno. Así como está el mercado de la alimentación, él sostiene que el sistema nos hace perder la oportunidad de deleitarnos en probar otros frutos. Por eso, habla también de que es necesario dignificar la dimensión cultural de los pueblos. De ejemplo pone a los franceses, que tienen registradas 365 variedades de quesos que se promocionan y se venden y son un patrimonio cultural, pero ese resultado es parte de un esfuerzo de valoración.

En las ferias gana el consumidor y el productor • Amadeo Velázquez / Oxfam en Paraguay

La gran industria alimenticia nos obliga a hacer menos variada nuestra alimentación al ofrecernos siempre lo mismo. Algunos que claramente son propios de una estación o zona, pero a fuerza de insistir con su presencia en las góndolas de supermercados nos han hecho creer que debemos comer siempre eso. Comer sano es comer variado, incorporando en esto a los frutos de estación, que es a lo que apuntan las ferias.

ESPACIOS QUE PUEDEN EDUCARNOS PARA COMER MEJOR

Nunca se me olvida lo que me dijo Margarita una vez. Fue un comentario como al paso, pero de esos que se prenden como un tatuaje en la memoria, de esos que hacen click en uno. Ella dijo: «Qué sabia es la naturaleza, ¿verdad?; justo cuando viene el frío y empieza la época de los resfríos, nos llena de cítricos repletos de vitamina C». Y esto me resultó tan lógico que me llevó a otros pensamientos: ¿por qué todo el año tenemos que comer tomate, por ejemplo? ¿Acaso la naturaleza no es sabia y nos da los frutos que necesitamos según la estación?

En las ferias, las mujeres que integran Conamuri promueven su trabajo de producción y comparten sus saberes, que muchas veces se pierden en la ciudad. Esto es para ellas una política de alianza entre el campo y la ciudad. Rescatan la cultura alimentaria local acercando los conocimientos y recetas de sus abuelas e invitando a un ensayo en el que ofrecen productos de la época.

Las ferias promueven actividades de aprendizaje más allá del intercambio de alimentos • Amadeo Velázquez / Oxfam en Paraguay

«La gente puede no saber que tiene que comer cuatro porciones de fruta y verduras al día, pero si tiene un puesto (feria) que le acerque estos productos, lo hará. La fruta también es comida rápida, pero desde otra lógica. Por eso, mientras más apoyemos este tipo de iniciativas estas se extenderán», evalúa Nadia. La comida rápida es una respuesta a un modo de vivir acelerado, que especialmente se ve en gente de los centros urbanos. La industria alimentaria es hábil para satisfacer eso y pone a mano lugares para comer aquello que es más rápido.

A medida que las ferias de este tipo vayan proliferando y se crucen en el camino de las personas, estas se preguntarán por qué hay tantos espacios que ahora venden frutas y verduras, qué es lo agroecológico de lo que tanto hablan. «Estaremos propiciando futuros consumidores», resume Nadia. Con esto vemos, una vez más, que la pedagogía se está renovando. Consiste en dar cabida a las alternativas más que a las problemáticas.

LAS MUJERES COMO PROTAGONISTAS DE ESOS ESPACIOS

Blanca está organizada en un comité de mujeres productoras. En el proceso que ha tenido con sus compañeras han definido que el mejor modelo de producción es el agroecológico, el que se lleva adelante en armonía con el medioambiente y del que se obtienen resultados más sanos. Extrañamente, su marido, que ha venido haciendo otro proceso, se entusiasma hablando del modelo de producción a gran escala y lleva a la casa «semillas mejoradas», las que vienen aparejadas con el uso de agrotóxicos.

 

El relato de arriba pinta un fenómeno interesante que comenta Alicia de Conamuri. En cuanto a lo agroecológico, es en la mujer en quien más profundo cala este sistema. «Con el varón es más difícil. Están más con el tema del mercado y la comercialización a gran escala, esta política de modelo de producción les cautiva. Y el Ministerio de Agricultura deja de lado a las mujeres en temas de producción y políticas públicas, no estamos dentro de ese paquete. No se valora ni se reconoce a la mujer como agricultora», explica.

Las ferias tienen un significado político para las mujeres: primero para promover la producción agroecológica y segundo para hacer visible el trabajo de la mujer en el campo.

En este contexto es que las ferias tienen para ellas un significado político: primero para promover la producción agroecológica y segundo para hacer visible el trabajo de la mujer en el campo, la mayoría son productos del trabajo de ellas. Verduras, carne de cerdo, queso, leche, medicina natural...

Fuente: OXFAM -FAO - PNUD

En el documental audiovisual Mercadocuátrope, que recoge la historia del Mercado 4, la historiadora Milda Rivarola explica que el antiguo Mercado Guasu era un punto de encuentro casi preponderantemente de mujeres, en donde iban a vender y a comprar para sostener el hogar. «Las vendedoras son mujeres porque el producto es de ellas. El hombre se dedicaba a cosechar yerba mate, pescar y a hacer el servicio militar…», dice Milda en el documental.

En las ferias, lo que se fomenta es la buena comercialización y el reconocimiento social del productor y consumidor, reflexiona Guillermo Sequera. Además, son una manera de establecer espacios de oxigenación de nuestra sociedad. Él propone no solo retomarlas sino también tener alta creatividad para imaginarlas y hasta incluso llamarlas de otra manera, de ser necesario; pero nunca perder de vista que el norte sea la dignificación del producto y la cultura.

Las mujeres son las grandes protagonistas en los mercados y ferias • Pablo Tosco / Oxfam en Paraguay

QUÉ DICEN LAS MUJERES PRODUCTORAS DE LAS FERIAS

Perla María Rodríguez (39), doña Clemencia Román (64), Mercedes Prieto, (47) y Ester Salinas (37) son productoras integrantes de la Organización Campesina Regional de Concepción (OCRC).

Respecto al efecto que en sus vidas han tenido las ferias, tanto locales como en la capital, los testimonios dan cuenta. «Invierto en estudiar, culminar mis estudios en Ciencias de la Educación», comenta Perla, similar a Mercedes, quien asegura que es una mujer independiente hoy en día. Por su parte, Clemencia afirma que sus niños son más sanos porque comen productos orgánicos. Ester, la más joven, enfatiza: «Gracias a la feria pude comprar mi tierra».

Perla María Rodríguez, de la OCRC • Amadeo Velázquez / Oxfam en Paraguay

Del matrimonio conformado por Juan Ramón Arce (40) y Juana Ángela Jara (35), también miembros de la OCRC, se destaca el testimonio más desde un cambio de filosofía. «La feria hizo que los campesinos abandonen el monocultivo, tengan una producción continua y con ello un retorno inmediato. Por eso queremos intensificar la feria y organizar formaciones para los consumidores, que valoren la calidad de los alimentos. La feria conlleva una filosofía sobre los modelos productivos, la higiene y la calidad», aseguran confiados.

Doña Clemencia Román, de la OCRC • Amadeo Velázquez / Oxfam en Paraguay

Es un ida y vuelta de beneficios en expansión, ya que al insistir con ferias permanentes la consumidora y el consumidor van teniendo más opciones de comer y comprar mejor. En el campo, lo que ocurre es que la persistencia de estos espacios les empuja a diseñar un plan de producción. «Eso te obliga a producir y planificar en calidad. A las mujeres les motiva las ferias. Su aporte en el hogar no era visible, no podía vender su producción, siempre estuvo sometida a violencia económica y, al tener un poco de recursos, esto les libera», agrega Alicia Amarilla, de Conamuri.

Mercedes Prieto, de la OCRC • Amadeo Velázquez / Oxfam en Paraguay

Pero un tema también es ineludible: tanto abandono de políticas públicas se encargó de instalar la idea de que los mercados y las ferias son lugares feos y sucios. Entonces, ¿qué estrategias, qué alianzas se pueden implementar para potenciar y mejorar estos espacios?

Ester Salinas , de la OCRC • Amadeo Velázquez / Oxfam en Paraguay

EN BUSCA DE APOYO MUNICIPAL

El nuevo gobierno municipal que asume este mes genera muchas expectativas en todos los sectores de la capital paraguaya. El sector del campo y la ciudad, que vienen ejercitándose en un interesante entrenamiento de vinculación, se sienten así también expectantes.

Tanto Nadia de Slow Food, como Alicia de Conamuri, coinciden en que se deben potenciar los alimentos artesanales y del campo. Promoverlos. Ayudarles a que produzcan mejor en cuanto a calidad, higiene, presentación, etiqueta e imagen.

¿No sería estratégico, acaso, un convenio con la Municipalidad de Asunción para que esta pueda apoyar a un espacio que funcione como mercadito campesino? Se podría, además, pensar en días que toque vender a determinado grupo. Apuntar a una permanencia de local de comidas y productos y trabajar con la gente capacitación para higiene, presentación y mercadeo podrían ser también opciones válidas para un potencial convenio entre la Comuna y las ferias barriales.

Ferias y mercados: ¿impulsará la nuevas administración Municipal este tipo de emprendimientos • Juan Carlos Meza / Fotociclo

Sería igualmente positivo que en estos se puedan hacer otro tipo de ejercicios que vayan más allá de lo mercantil. Las ideas fluyen: volver a los trueques, a las ferias de garajes. No quedarnos solo con la venta, sino también probar con el intercambio. Promover la huerta urbana. Y como la lógica de todo esto no es el lucro, sino buscar nuevos modos de relacionarse y de dignificar el trabajo y el consumo, tal vez vayamos convirtiéndonos en seres más humanos, más libres y a la vez sensatos.

Acaso podemos hacer otro ejercicio más, el de hacer nuestras las palabras del escritor y activista por la alimentación agroecológica, Gustavo Duch: «Mucha gente pequeña, en muchos lugares pequeños, cultivarán pequeños huertos… que alimentarán al mundo».