En la comunidad de Primero de Marzo el fuego nunca se apaga. En pequeños cuartos de madera, hay fogatas encendidas. Allí las personas preparan gran parte  de sus comidas con ingredientes de sus cultivos. En ese lugar ninguno de sus habitantes pasa hambre.

Los hijos de Severiano Ruiz Díaz se levantan temprano y desayunan cocido con pireca o galleta mientras ven algún programa infantil por Disney Channel. Su padre paga 10 dólares al mes por el servicio de tv satelital.

En Primero de Marzo se cultivan tres tipos de maíz; morotĩ, tupí y chipá, pero las mazorcas están por toda la comunidad, porque los campesinos se quejan de que no tienen mercado para vender su producción.

En el hogar de Severiano Martínez, luego del desayuno, su hija mayor y su esposa desgranan las mazorcas para dar de comer a sus pollitos. Tyson, la mascota de la familia los acompañan.

La energía eléctrica llega al asentamiento gracias a los 22 kilómetros de tendido que la comunidad instaló, y del que se sirven todas las familias.

Todas las mañanas Severiano Ruiz Díaz toma mate con sus hijos en la segunda casa que construyó. La primera fue quemada por policías durante un desalojo en 2014. Su casa es pequeña pero cuenta con comodidades básicas como energía eléctrica. Luego del mate, Severiano va a trabajar a su chacra hasta el final del día.

La tierra roja no es impedimento para que los niños puedan con ir los zapatos limpios, a las tres escuelas de la comunidad.

En Primero de Marzo, la comunidad ya ve una segunda generación que nació en esas tierras. Una generación de niños y niñas que se embarran en los caminos, corren, ríen, moquean y van a la escuela.

En la comunidad existen tres escuelas, ninguna iglesia y casi 10 km de caminos de tierra roja y húmeda. Como todo en Primero de Marzo, los caminos fueron construidos a machetazos por campesinos como Severiano Ruiz Díaz, que le dedican dos de los siete días a trabajos comunitarios.

Al llegar a una casa del asentamiento, junto a las personas, los primeros en saludar son los bananales. Allí abundan tanto, que las bananas de oro se regalan como postre en las casas de la comunidad

Primero de Marzo está rodeado de cultivos de soja. Sin embargo, en la comunidad está prohibida su plantación. El asentamiento se sostiene sobre su diversidad agrícola, cultivando productos que abastecen a sus habitantes.

Cada una de las viviendas que existen en el asentamiento fueron construidas por sus propios habitantes. Además, gracias a una olería que ha empezado a funcionar en la comunidad, muchas de las casas de Primero de Marzo ahora tienen piso de ladrillos.

La comunidad fue fundada el 29 de Febrero de 2012 por 100 familias. Cinco años después, ya eran el triple. Las familias tienen derecho a 10 hectáreas en donde pueden producir sus propios alimentos. En la actualidad, sus habitantes ocupan unas 2 mil hectáreas, de las más de 4 mil que están en disputa con el Estado.

Los productores de Primero de Marzo cultivan varios tipos de productos, se destacan dos clases de banana, tres de maíz, cuatro de porotos, caña de azúcar, yerba mate, maní, mamones, batata y mandioca. Un refugio de la agricultura familiar campesina rodeado tres de los cuatros departamentos con la mayor producción sojera.

La mandioca o yuca es un cultivo de más de cuatro mil años y uno de los productos más característicos de la gastronomía paraguaya.

En Primero de Marzo, la palabra «cerca» adquiere un nuevo significado cuando el arroyo u hospital más cercano se encuentran a 10 kilómetros de distancia.

A pesar de que en Primero de Marzo se produce una gran variedad de productos, el único que les retribuye económicamente es la mandioca. Cada labriego de la comunidad recibe 3 centavos de dólar por cada kilo que produce.

Solo en Paraguay existen unas 700 u 800 variedades que son cultivadas en aproximadamente 180 mil hectáreas. Cada año se producen unas 6 millones de toneladas de mandioca.

José Velazquez, aquejado por problemas de salud, dejó la ciudad y volvió al campo para recuperarse. Allí organiza sus actividades manejando un camión con el motor al aire, sin carcaza y una carrocería de madera al que de cariño llama: Tutu.

En Primero de Marzo no van a misa los domingos. En cambio, se reúnen en una de las tres escuelas de la comunidad. Allí debaten temas referentes a la vida en el asentamiento.

La reunión es convocada por la Organización de Lucha por la Tierra, que fue fundada en el año 1993 y es una de las organizaciones campesinas más importantes en Paraguay.

La comisión vecinal pidió al Estado la expropiación de las tierras para reforma agraria. El pedido fue rechazado, y también provocó que todos sus miembros fueran imputados por invasión a la propiedad privada y asociación criminal.

Campesinos y campesinas de todo el país se reunieron a discutir la situación de sus comunidades en Primero de Marzo.

Más allá de las fronteras de Primero de Marzo se encuentra la estancia de una las familias más poderosas del Paraguay: los Bendlin.  Consiguieron esas tierras de forma ilegal en 1969 al canjearlas al Estado paraguayo por un avión.

Las casi trescientas familias en Primero de Marzo viven en una lucha diaria contra el poder establecido por el Estado y los grandes terratenientes en donde se tuvieron que enfrentar a tres desalojos.

Lidia Ruíz es una de las voceras de la Organización de la Lucha por la Tierra. Ella, como toda la comunidad, defiende su derecho a la tierra y un modo de vida que se sustenta en la agricultura familiar.

Los animales y mascotas son parte importante de la comunidad. En Primero de Marzo existen perros con nombres en inglés y gatos que sirven como control de plagas. También hay patos, gallinas, cerdos y algunas vacas.

Primero de Marzo representa una parte de la lucha por la tierra en Paraguay. Una comunidad que produce comida que no puede vender en un país con más 700 mil personas que pasan hambre cada día.


Con reporteo de Maximiliano Manzoni. Textos de Nadia Gómez y Fernando Ferreira.