Kurtural

The landless exiles don’t go to the supermarket

Chronicles of a country that feeds the world but it’s hungry

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In August 2017, like almost every year, people from the countryside occupied the parks and streets of Asuncion, and the city looked the other way. The city, a space for dialogue and where diverse perspectives should meet to come up with visions of a shared future – national projects– refused to recognize those who make up a third of the country’s population. By looking at others, we acknowledge their existence and can feel empathy. If we look at each other, we exist, and are able to put ourselves in each other’s perspectives. But the city, once more, decided to avoid the conflict that defines the present and the future of Paraguay: the resolution of the struggle for the land.

It’s easier to believe that this conflict is someone else’s business when only three corporations hold almost every news outlet in the country. Their particular interests – corporative ones – are framed as universal in the headlines of newspapers and on news shows. They set the tone of the national debate. The city reproduces their lies. The media corporations dictate which national projects will be sought. The city gives the coup-de-grace by alienating a “the others”: entire populations like the campesino population, like the indigenous communities or the people from the shanty towns.

An economic agreement that demands a lot of land, few people, and no trees, steals these people their source of labor, their identity. When their way of life is discarded, a way of life profoundly connected to the land, they become exiled from a vision of the future that a few are designing for some other few. Their banishment is not only material but existential.

These series of chronicles aim to shed some light on the contradictions and struggles that impact the lives of these communities. People like Rodolfo Castro, a descendant of occupants, who needs a land-lot to survive in a country that allocates 94% of its fertile land to the cultivation of soya that feeds pigs in China. Campesino women like Gregoria Fernández, who defies the territorial expansion of Brazil with her own life, even though the Paraguayan government harasses her with bullets. She claims that the only way they will take her away from her town of Guahory will be to drag her directly to the cemetery, she won’t leave her place any other way. Exiles like Severiano Ruiz Díaz, who doesn’t need to go to the supermarket for food. He sows the land. But his harvests don’t reach the aisles of the supermarkets. Due to bad roads, unjust agreements with the intermediaries, and an absent government, he loses every chance of selling his food production to a country filled with children who are hungry.

This series entitled «The landless exiles don’t go to the supermarket» aims to draw a portrait of them: people who live from the land, people who struggle to avoid the abyss that the few have planned from within the city. This series is an effort to make the opposite of looking the other way. It might become awkward, sometimes terrifying. Such is an abyss. But only in our capacity to recognize others – the landless exiles – there’s a chance of a future for every man and every woman.


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El hombre que teje

La leyenda del ñanduti basada en las investigaciones del doctor Gustavo González

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https://www.youtube.com/watch?v=hO8QRiuXBN0


Gustavo González Dirección Armando Aquino Guión Eduardo Subeldía


Producción Ejecutiva Alejandro Valdez Sanabria Juanma Cabarcos Juanma López Moreira


Jefe De Producción Juanma Rojas Asistente De Producción Ever GonzálezAsistente De Producción en Bahía Negra **Eugenio Rojas


Voz En Off Jimmy Rojas Fotografía Armando Aquino Fotografía Adicional Pascual Glauser & Juan Sosa Grabación De Locución 1120 Studio Montaje Armando Aquino Post Producción De Sonido Germán Acevedo Colorimetría Oscar Ayala Paciello Música The Music Bed


Presenta Hotel Villa Morra Suites

Ventanas abiertas al terror y el absurdo

Relatos sonoros de la vida bajo la dictadura estronista

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https://www.youtube.com/watch?v=xOTiad9RPdU&feature=youtu.be

Cuando salió del Teatro Municipal el 4 de mayo de 1954, Luis Casabianca supo que Alfredo Stroessner había subido al poder. El padre de Rubén Ayala sintió que su hijo estaba en peligro por tener una biblioteca. Rosa Palazón tuvo, el día después del golpe del 89, una pequeña venganza contra los policías que la acosaban en la calle todos los días. Ventanas abiertas1 recoge historias cotidianas de una dictadura, que durante más de tres décadas, se debatió entre el terror y el absurdo.


Entrevistas por: Nicolás Granada / Maximiliano Manzoni / Arístides Ortiz Relatos de: Luis Casabianca (†) / Rubén Ayala / Sofía Oviedo / Fernando Masi / Rosa Palazón Guión y edición: Nicolás Granada / Maximiliano Manzoni / Créditos adicionales: Polca General Stroessner 8 bit - Gabriel Ruffinelli / Archivo DiFilm - Alfredo Stroessner habla de los paraguayos en Argentina 1967 / 3 de febrero 1989 - Grabación completa del golpe de la noche de la Candelaria / Somos Gen - Hechos: La última convención colorada de Stroessner / Victor González - Caída del régimen de Stroessner / Petejd13 / kd_jack / cameronmusic / caquet / CGEffex / HunterR4708 / YleArkisto

El retorno de los pyrawebs

La dictadura estronista tenía el Archivo del Terror. En democracia, Estado y empresas cuentan con tecnología para invadir la vida privada de millones de personas

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Las ansias de controlar cada movimiento de las personas no se limita a los gobiernos dictatoriales. Las revelaciones en 2013 de Edward Snowden, ex agente de la NSA, confirmaron que gobiernos que se precian de democráticos modernizaron sus mecanismos de vigilancia con tecnología. Paraguay no escapa a esta tendencia.

La serie de El Surtidor, «El retorno de los #pyrawebs» muestra cómo evolucionaron las formas de invadir la vida de millones de personas y así coartar su libertad. Investigaciones revelan que el Estado adquirió software de vigilancia, pero nadie sabe cómo se usan ni contra quienes. Las bases de datos personales se compran y venden sin ninguna regulación, o se utilizan para discriminar. La invasión a la intimidad, que en dictadura estronista era una característica del régimen, hoy es una actividad lucrativa de empresas. Y Asunción tiene más cámaras en espacios públicos que Tokio. ¿Se puede superar la transición a la democracia si no hay privacidad?

De pyragües a pyrawebs

La tradición del espionaje a ciudadanos en Paraguay que evoluciona con la tecnología

Los datos personales, un negocio sin control

Cada vez que llega un spam es porque alguien compró datos y alguien los vendió

En Paraguay se usan datos para discriminar

Con el manejo sin control de datos sensibles de las personas se niegan derechos y oportunidades

La inseguridad de la vigilancia

Las medidas de seguridad que pueden ser más inseguras para todos

La identidad que no podemos cambiar

La recolección de datos biométricos crea enormes bases de datos que pueden ser insegura

Las guardianas de las semillas

Campesinas y campesinos guardan semillas en frascos, y así, el futuro de la alimentación de la humanidad

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En Repatriación, un pueblo en el centro de Paraguay, una casa de adobe exhibe en sus paredes externas arte contestatario y en su interior guarda el germen de cultivos. Es uno de los más de mil bancos repartidos en el mundo que no otorgan créditos a plazos fijos y no blindan la riqueza generada con la evasión de impuestos. Son depósitos de semillas, donde inicia la cadena alimentaria humana.

El trabajo de las mujeres y hombres de esta casa, a la que llaman Semilla Róga, se contrapone a un poderoso sistema de patentes en el que las semillas tienen dueños, y para acceder a ellas, hay que pagar. Hoy en día, un oligopolio de empresas - Syngenta, Bayer, Basf, Dow, Monsanto y DuPont – controlan el 60% del mercado de las que se comercializan en el mundo. Quien controla las semillas, controla los alimentos.

Este régimen es igual a pérdida de diversidad agrícola y de libertad. Trabajadores del campo se ven obligados a contraer deudas para comprar las semillas que necesitan para producir. A la marcha campesina de 2017, se sumaron productores atrapados en este agobiante ciclo de dependencia. En casos extremos como India, el endeudamiento empuja al suicidio a miles de agricultores.

Pero en lugares como Repatriación, hombres y mujeres colocan sobre estantes de madera, en botellas de plástico, semillas de maní, poroto, lechuga, repollo. Conservan también variedades de maíz: tupi, moroti, mbya, pororó, pichica. Al hacerlo, garantizan que estas semillas autóctonas perduren, y con ello, la cultura gastronómica, las medicinas, los ritos y un futuro posible para comunidades enteras.

A 200 km de la ciudad de Asunción está el municipio de Repatriación, en el departamento de Caaguazú. Allí se encuentra Semilla Róga, o casa de las semillas, un proyecto colectivo que tiene como objetivo promover la diversidad de la agricultura familiar campesina a través de la conservación de semillas autóctonas. El proyecto es impulsado por la Organización de Mujeres Campesinas e Indígenas   (Conamuri). Foto: Cecilia Rojas.

Entre parcelas de hortalizas, legumbres, frutos y plantas medicinales se levanta el banco de semillas de Repatriación. Trinchera de un proyecto productivo y social de la Conamuri que apunta a la conservacion de especies nativas y criollas de semillas. Foto: Cecilia Rojas.

Marina Diaz Melgarejo es una de las guardianas del banco de semillas de Repatriación. Junto a su familia, ella se encarga de administrar y preservar las decenas de semillas nativas y criollas que se encuentran en Semilla Róga. Foto: Cecilia Rojas.

Marina además prepara con raíces compuestos terapéuticos totalmente caseros. Asegura que tanto la tos, como los dolores de pecho o garganta se pueden combatir con sus panaceas de conocimientos ancestrales. Foto: Cecilia Rojas.

Marina forma parte de Conamuri, una de las organizaciones campesinas más importantes de Paraguay y que agrupa a mujeres campesinas e indígenas. Organizaciones como éstas brindan apoyo jurídico, político y social a decenas de familias campesinas en Paraguay. Foto: Cecilia Rojas.

Repatrición es una comunidad que basa gran parte de su economía en la agricultura familiar campesina. El Semilla Róga les permite el cultivo de muchas variedades de hortalizas y frutas. Productos y alimentos que forman parte de su cotidianeidad. Foto: Cecilia Rojas.

María Benjamina Leiva tiene 87 años y es una de las pobladoras más antigua de Repatriación. Con una historia de despojo sobre sus hombros, aún resiste junto a su familia por el derecho a la tierra y a la vida. Foto: Cecilia Rojas.

Eloísa González es una pobladora de Repatriación. Sus habitantes provienen de familias que retornaron de Argentina, Brasil y otros países en busca de tierra propia durante los años 60s. Gran parte de la economía local se sustenta en la agricultura familiar. Foto: Cecilia Rojas.

En Repatriación aún quedan parcelas dedicadas a la agricultura familiar. Allí se cultivan legumbres, hortalizas y frutas. Sin embargo, muchas de ellas fueron despojadas durante la dictadura Stronista y hoy son vestigios de un modo de vida que se niega a desaparecer. Foto: Cecilia Rojas.

Alicia Amarilla Leiva es una pobladora de Repatriación, comunicadora y forma parte de Conamuri. Comenzó a militar en movimientos campesinos desde muy joven, luego de que su familia sufriera persecuciones y desalojos por parte del Estado. Alicia es una de las promotoras más importantes de Semilla Róga. Foto: Cecilia Rojas.

Paulina Leiva es tía de Alicia, militante histórica de Conamuri y dejó Repatriación en busca de una mejor condición económica. Ella vive en Sao Paulo, Brasil. Allí se dedica a la confección de ropas con una familia brasileña, junto a sus dos hijos y su nuera. Paulina es una de las tantas mujeres de Repatriación que migraron en busca de nuevas oportunidades. Foto: Cecilia Rojas.

Emilio Arce Leiva es un promotor de la salud y obrero de la tierra. En 2008 cedió parte de su terreno para la construcción del banco de semillas. Junto a su familia, tiene la responsabilidad de cuidar y preservar las semillas de decenas de especies que son aprovechas por la comunidad y las familias campesinas de Repatriación. Foto: Cecilia Rojas.

Don Emilio se levanta cada mañana para administrar, cuidar y preservar las simientes de Semilla Rogá. El espacio no pretende monopolizar el cultivo a partir de sus productos, sino convertirse en una alternativa importante en una zona en donde el monocultivo amenaza con la desaparición de un modelo de vida sustentable. Foto: Cecilia Rojas.

Semilla Rogá no otorga créditos a plazos establecidos ni exiges intereses sobrefacturados. El banco es un centro para el intercambio cultural que promueve la devolución conforme a lo cosechado para el provecho de especies propias de este suelo. Foto: Cecilia Rojas.

Maíz tupi, moroti, mbya, pororó, pichica; maní, poroto, lechuga, repollo, manteca, tanto para consumo como para abono verde (leguminosas), colman las botellas recicladas que moran los estantes de madera. Foto: Cecilia Rojas.

Entre agosto y septiembre de 2017 miles de productores campesinos dejaron sus cultivos para llegar hasta Asunción a reclamar por las malas políticas agrarias del gobierno y durante más de un mes exigieron una solución a sus reclamos. Foto: Marcelo Encina.

Durante el tiempo que se quedaron en la ciudad, los productores campesinos se instalaron en la Plaza de Armas, lugar histórico de las manifestaciones sociales y políticas del país. Allí se organizaron, resistiendo al frío y a la espera, mientras sus reclamos marcaban la agenda política del país. Foto: Marcelo Encina.

Los productores campesinos exigían la condonación de deudas contraídas con el Estado, asistencia técnica y la aplicación de una ley de emergencia campesina con el objetivo de ayudar miles de familias que pasaban hambre y la pérdida de sus cultivos en las zonas más vulnerables del país. Foto: Nathalia Aguilar.

Desde que llegaron a la capital, los productores campesinos se organizaban y realizaban diferentes acciones políticas en diversos puntos de la ciudad. Muchos de ellos volvían a sus comunidades luego de varios días, solo para regresar nuevamente y sumarse a sus compañeros en lucha. Foto: Juanjo Ivaldi.

El palo, símbolo de lucha y resistencia de la comunidad campesina  fue prohibido por la Policía Nacional durante las marchas en la ciudad. Además, fue aplicada la Ley del Marchodromo, que en Paraguay solo permite movilizaciones sociales a partir de las 19:00hs y en áreas específicas de la ciudad. Foto: Natalia Aguilar.

La Marcha Campesina marcó la agenda social del país en el mes de agosto y a través de los medios de comunicación se generó una división con gran parte de la sociedad. En Asunción, muchos ciudadanos protestaron ante los cierres de calles por parte de los labriegos, generándose un ambiente de mucha tensión en la ciudad. Foto: Marcelo Encina.

Durante las fiestas patrias en el mes de Agosto los productores campesinos decidieron realizar un desfile paralelo al organizado por el gobierno. Este evento congregó a miles de labriegos que de esta manera simbólica esperaban protestar contra la indiferencia el Estado y una ciudad que les daba la espalda. Foto: Juanjo Ivaldi.

La Policía Nacional prohibió el desfile simbólico de los campesinos que comenzaba en la explanada de la Catedral de Asunción. Ante la negativa, los labriegos decidieron bailar al compás de una orquesta frente a la Iglesia, mientras allí, autoridades, religiosos y parte de la sociedad civil ofrecían una misa. Foto: Juanjo Ivaldi.

Luego de un mes resistiendo en Asunción, los productores campesinos volvieron a sus comunidades. Sin embargo, la lucha aún continúa en cada una de ellas, en defensa de un modo de vida que se niega a desaparecer y del cual dependen miles de familias. Foto: Natalia Aguilar.

Con reporteo de Pedro Lezcano. Textos de Fernando Ferreira

Acerca de la serie Los desterrados no van al supermercado

Crónicas del país que alimenta al mundo pero tiene hambre

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Los desterrados no van al supermercado es una serie de crónicas sobre Paraguay, país que alimenta al mundo pero tiene hambre Leer editorial >


Mesa editorial
Jazmín Acuña
Juan Heilborn
Alejandro Valdez Sanabria

Edición
Jazmín Acuña

Redacción
Maximiliano Manzoni
Rober Irrazábal
María Sanz
Flavia Borja
Diana Viveros
Pedro Lezcano
Julio Benegas

Edición fotográfica
Jorge Sáenz

Coordinación de fotografía
Marcelo Sandoval

Fotografía
Melanio Pepagni
Juana Barreto Yampei
Juanjo Ivaldi
Ever Portillo
Nathalia Aguilar
Zuca Malky
Cristian Palacios
Leonor de Blás
Cecilia Rojas
Chelo Encina
Santi Carneri
Fernando Francheschelli
Juan Carlos Meza

Ilustración
Robert Báez

Edición creativa
Alejandro Valdez Sanabria

Edición social
Nadia Gómez
Fernando Ferreira

Edición visual
Juan Heilborn

Edición de estilo
Eulo García

Edición audiovisual
Juanma López Moreira
Emanuel Acosta

Coproducción
Carolina Thiede, Oxfam en Paraguay
Adriana Lugo, Diakonia

Desarrollo tecnológico
Carlos Carvallo
Eduardo Ayala

Colaboración
Daniel Gomez
Pascual Glauser
Marcial Gomez
Perla Álvarez
Lidia Ruiz Cuevas
Verónica Serafini
Hugo Valiente
Luis Rojas
Kregg Hetherington


Con la cooperación de
Oxfam Internacional


Y el apoyo de
Diakonia
Via Campesina

Con la colaboración de
El Ojo Salvaje









Los desterrados no van al supermercado de Kurtural tiene licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.

Los desterrados no van al supermercado

Crónicas del país que alimenta al mundo pero tiene hambre

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https://vimeo.com/240326445

Cuando en agosto de 2017, como casi todos los años, mujeres y hombres del campo ocuparon plazas y calles de Asunción, la ciudad apartó la mirada. La ciudad, ese espacio de diálogo donde se deberían encontrar perspectivas y sintetizar propuestas de futuro común –proyectos de país– se negó a reconocer a quienes hacen más de un tercio de la población. Es que el acto de mirar garantiza la existencia y la empatía. Cuando nos vemos, somos, y nos podemos poner en el lugar del otro. Pero la ciudad, una vez más, decidió esquivar el conflicto que define el presente de Paraguay y de cuya resolución depende su futuro: el conflicto por la tierra.

Es más fácil creer que este problema es ajeno cuando tres grupos empresariales concentran a casi todos los medios masivos de comunicación. Sus intereses particulares –corporativos– se presentan como universales en los titulares de diarios y los zócalos de noticieros. Ellos marcan el tono de la conversación nacional. La ciudad reproduce sus falacias. Ellos dictaminan qué proyectos de país se mantienen. La ciudad finaliza el trabajo de condenar a los “otros”: poblaciones enteras que no caben en sus proyectos, como el campesinado, como las comunidades indígenas, como los bañadenses.

Un arreglo económico que necesita mucha tierra, poca gente y ningún árbol, arrebata a estas personas de su fuente de trabajo, de su identidad. Al descartar su modo de vida, profundamente ligado a la tierra, se las exilia de la visión de futuro que unos pocos diseñan para unos pocos. Su destierro es tan material como existencial.

Contradicciones y resistencias marcan sus vidas, a las que esta serie de crónicas trata de acercarse. Son personas como Rodolfo Castro, descendiente de ocupantes, que necesita una parcela para vivir en un país que destina 94% de sus tierras fértiles a cultivos como la soja que comen cerdos chinos. Son campesinas como Gregoria Fernández, que desafía la expansión territorial brasilera con su vida, a pesar que el Estado paraguayo la hostiga con plomo de balas. Dice que de su pueblo, Guahory, la tendrán que sacar para llevarla al cementerio, que de allí no se va. Son desterrados como Severiano Ruiz Diaz, que para comer, no va al supermercado. Siembra la tierra. Pero lo que cultiva no llega a las góndolas. Entre caminos maltrechos, acuerdos injustos con intermediarios y un gobierno ausente, pierde chances de vender sus alimentos a un país que tiene niños y niñas con hambre.

La serie Los desterrados no van al supermercado les retrata: gente que vive de la tierra y que lucha por evitar el abismo que los pocos planifican desde la ciudad. La serie es un esfuerzo por hacer lo opuesto a esquivar la mirada. Puede resultar incómodo, a veces aterrador. El abismo lo es. Pero solo en la capacidad de reconocer a los otros –a los desterrados– hay chance de futuro para todos y todas.


Foto: Jorge Sáenz

La emergencia de las mujeres

Diversas paraguayas se encuentran ante un problema común: la violencia cotidiana en el peor país para ser mujer en Sudamérica

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Su trabajo mueve el mundo, dicen. «Si nosotras paramos, para todo».Con esta consigna se convocan al Paro Internacional de Mujeres este 8 de marzo para denunciar la violencia física, económica, verbal o moral que sufren. Paraguay se suma a este movimiento mundial con mujeres y colectivos de diferentes procedencias. Denuncian los feminicidios en el país, que ya son 11 en lo que va del año. Condenan los abusos sexuales a niñas y los embarazos forzosos. Se movilizan para denunciar que las campesinas e indígenas son discriminadas y expulsadas de sus tierras. Quieren que su trabajo sea valorado. Son mujeres como las ocho que presentamos en este fotorreportaje.1 Algunas se unirán al paro, otras no. Pero todas emergen ante los desafíos de vivir en Paraguay, el peor país para ser mujer en Sudamérica.

Belén Benítez (26) lucha por un protocolo contra la violencia de género en su universidad • Juan Carlos Meza

«Prefiero perder un día de clases y sumar derechos», dice Belén Benítez, que en un año debería dejar la Universidad Nacional de Asunción convertida en abogada. Con 26, es parte de un movimiento estudiantil feminista que debe su nombre a la primera abogada paraguaya: Serafina Dávalos. El 8 de marzo no irá a la facultad. Se suma al paro de mujeres para exigir una universidad más inclusiva. Cuenta que hay muchos más docentes varones que mujeres, algo que se repite fuera de la facultad en los magistrados y los puestos en la Corte Suprema de Justicia. Pero esto es solo una parte del problema. En el movimiento en el que milita, exige que la facultad incorpore un protocolo de prevención de la violencia sexual. «Quiero escuchar clases magistrales impartidas por docentes íntegros, no por profesores que hacen chistes que denigran, o que tienen prácticas nefastas que hieren a mis compañeras».

«Prefiero perder un día de clases y sumar derechos», dice una estudiante universitaria.

Cristel Pereira de Orué (30) tiene dos trabajos y un hijo que cuidar todos los días • Juan Carlos Meza

A sus 30 años, Cristel Pereira de Orué tiene un hijo de dos años, Maximiliano, una licenciatura en Comercio Internacional y dos trabajos. De lunes a viernes, desde las 8 y media, es encargada de ventas en el negocio familiar, una importadora de artículos de bazar. «Tengo la suerte de que puedo traer a mi hijo al trabajo», dice. Al terminar su jornada laboral a la tarde, se dedica a su empresa personal: vender brownies. Pereira continuará con todas sus tareas cotidianas el 8 de marzo. Pero si pudiera dejar de hacerlas, elegiría descansar. «Estoy despierta desde las 7 todos los días. Los fines de semana no son la excepción. Hace mucho tiempo, desde que nació mi hijo, que no duermo hasta tarde», dice. Si tuviera tiempo, retomaría sus clases de guitarra.

«Hace mucho tiempo, desde que nació mi hijo, que no duermo hasta tarde», dice una madre con dos trabajos.

María José Puerta (23) es cocinera y el 8 de marzo irá al paro para reclamar que se respete la autonomía de las mujeres sobre sus cuerpos • Juan Carlos Meza

María José Puerta (23) está acostumbrada a trabajar rodeada de varones. Es cocinera, y aunque en muchos hogares paraguayos son las mujeres quienes preparan las comidas, las empresas gastronómicas prefieren contratar a hombres. En su tiempo en el rubro, se ha visto obligada a «sacar una actitud más agresiva, por pura supervivencia». Cuenta que las mujeres se exponen a diez o más horas de trabajo arduo y a que las subestimen. Ha visto cómo compañeros sin experiencia ascendían antes que ella, o cómo sus jefes obligaban a las meseras a usar vestidos ajustados y a maquillarse para trabajar. «El uniforme de trabajo de las mujeres está hecho para que se vean sexys, no para que estén cómodas», dice. El día del paro, Puerta marchará sin remera para reclamar la libertad sobre su cuerpo.

«El uniforme de trabajo de las mujeres está hecho para que se vean sexys, no para que estén cómodas», dice una cocinera profesional.



Máxima Morel (67) es empleada doméstica. En Paraguay, las mujeres que se dedican a este oficio ganan, por ley, solo el 60 % del salario mínimo • Juan Carlos Meza

Máxima Morel es madre soltera de tres hijos. A sus 67 años, trabaja como empleada doméstica con retiro en la casa de Cristel Pereira. Ese ha sido uno de los tantos trabajos que ha tenido desde los 15, cuando tuvo su primer hijo. «La gente no suele valorar el trabajo de la empleada doméstica» dice. «Nosotras estamos todo el día, subiendo, bajando, sudando. No nos quedamos bajo el aire acondicionado». En un día distinto, uno en el cual no tuviese que viajar en bus una hora desde Luque a Asunción para llegar a su trabajo, donde no tuviera que limpiar, cocinar y lavar la ropa, le gustaría ir a visitar a sus hermanos. También vería otras maneras de conseguir dinero, como tener un puesto de comidas. «Mi sueño es tener algo mío», comenta. «Uno de los trabajos que tuve, durante muchos años, fue de cocinera en un restaurante. Ahí logré tener mi casa propia, que ahora me quitaron. Y cocinar es lo que me gusta, es lo que me sale». La ley en Paraguay establece que las empleadas domésticas ganen solo el 60 % del salario mínimo.

«La gente no suele valorar nuestro trabajo», cuenta una empleada doméstica.

Mónica Bareiro (29) se unirá al paro para exigir igualdad en los salarios entre hombres y mujeres • Juan Carlos Meza Mónica Bareiro (29) sabe que el acoso y la discriminación hacia las periodistas llegan por tres frentes: los jefes, los colegas y los entrevistados. Hace 10 años que trabaja en un periódico local. «Tus jefes piensan que no vas a poder encargarte de una investigación, o que por ser mujer no vas a poder hacer determinadas coberturas sola. Tus entrevistados, si vas con un compañero varón, se dirigen solo a él, o te responden a vos como si fueras una niña», dice. El 8 de marzo parará junto con varias compañeras del diario. Exige igualdad en los salarios y en los ascensos laborales entre hombres y mujeres. El salario promedio de las mujeres en Paraguay corresponde al 75 % del ingreso que perciben los hombres.

«Tus jefes piensan que no vas a poder encargarte de una investigación, o que por ser mujer no vas a poder hacer determinadas coberturas sola», cuenta una periodista.

Alicia Amarilla (36) es campesina. En Latinoamérica, las mujeres producen el 80% de los alimentos, pero son dueñas de solo el 8% de las tierras • Juan Carlos Meza A la abuela de Alicia Amarilla (36), el Partido Colorado le arrebató las tierras durante la dictadura de Alfredo Stroessner. Se considera una «campesina desposeída». Hoy es parte de la Coordinadora Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (Conamuri), y se suma al paro internacional para que se reconozcan los trabajos que realizan las campesinas. «En el campo, la mujer alimenta a la familia. Cultiva poroto, mandioca; cuida animales domésticos para producir leche, queso, huevo. Pero todo ese aporte a la economía familiar no se visibiliza», dice. En Latinoamérica, las mujeres producen el 80% de los alimentos, pero son dueñas de solo el 8% de la tierra. Amarilla propone que el 8 de marzo dejen de cumplir uno de sus roles: que las campesinas no cocinen, que las indígenas no produzcan artesanías. Ella protestará contra el agronegocio que las obliga a migrar a las ciudades y las condena a la explotación laboral.

«En el campo, la mujer alimenta a la familia. Pero todo ese aporte a la economía familiar no se visibiliza», dice una campesina.

Mariana Sepúlveda (30) irá a paro el 8 de marzo con sus compañeras de la organización de los derechos de personas trans Panambi • Mariluz Martín Mariana Sepúlveda sabe que las mujeres son diversas. Ella misma es una mujer trans de 30 años. «Nosotras somos mujeres porque nos identificamos con el género femenino, y construimos nuestra identidad con base en eso», dice. Cuando era trabajadora sexual, sufrió agresiones en la calle. Hoy forma parte de la organización Panambi, que defiende los derechos de personas travestis, transexuales y transgénero. A la marcha del 8 de marzo, Mariana irá con sus compañeras con el eslogan «Nos matan y nadie va preso». Desde la caída de la dictadura en 1989, los asesinatos documentados de personas trans son 38. Por relatos, se cuentan hasta 57. «Aunque la ley contra la violencia hacia las mujeres no nos proteja, estos son casos de feminicidio», dice.

«Nos matan y nadie va preso», cuenta una activista trans.

En la casa de Sara Ferreira (31) las mujeres se ocupan de las tareas domésticas, trabajo que no se reconoce como tal y no es remunerado • Juan Carlos Meza

La rutina de Sara Ferreira (31) incluye cuidar a su hija Alexia de 6 años, llevarla a la escuela, trabajar más de 8 horas diarias en una empresa de maquinarias industriales, ir a la universidad y, si el deber llama, apagar incendios con sus compañeros de la 2da. Compañía de Bomberos de Santísima Trinidad. Todo esto antes de pensar en tener tiempo libre. «Primero tengo que ver si mi hija necesita ayuda en las tareas escolares, o llevarla a algún lado», dice. En la casa que comparte con sus padres, las tareas se reparten entre las mujeres. «Mi mamá es la que se encarga desde ir al súper hasta de limpiar. Si ella no puede, lo hago yo, si no lo hace una prima o una hermana». Aunque hoy en día han aumentado su participación en el mercado, las mujeres siguen haciéndose cargo de las tareas de cuidado en el hogar, un trabajo que no solo no es remunerado, sino que siquiera es reconocido a veces como tal. Según datos oficiales, en Paraguay las mujeres ocupan el doble del tiempo que los varones en tareas no remuneradas.

«Mi mamá es la que se encarga desde ir al super hasta limpiar. Si ella no puede, lo hago yo, sino lo hace una prima o una hermana» dice una trabajadora y bombera voluntaria.


  1. Reportaje de María Dominguez, Maximiliano Manzoni y Jazmín Acuña

Paraguay, el país de las vacas que vuelan y escuelas que caen

Educarse en Paraguay es un privilegio, no un derecho. Seis historias sobre la crisis del peor sistema educativo del mundo.

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Miles de estudiantes exigieron en las calles de la capital mejoras en infraestructura porque sus escuelas se caen, entre amenazas del ministro de Educación de Paraguay Enrique Riera. Advirtió que los alumnos que asistan a la protesta serían sancionados y a las maestras se les recortaría el salario. Al mismo tiempo, en la Universidad Nacional de Asunción, estudiantes se movilizaron para defender el proceso de reforma a pesar de fracasadas órdenes de captura de la Fiscalía a universitarios líderes. Por primera vez en la historia, todas las facultades fueron a paro.

Estos hechos son los síntomas de una profunda crisis de la educación en Paraguay, un conflicto de dos partes: una clase minoritaria y poderosa que ha secuestrado el sistema educativo para mantener sus privilegios contra los muchos que buscan devolver a la educación un sentido de oportunidad.

Las historias de Vacas que vuelan, escuelas que caen nos acercan a este conflicto. Esta serie tiene protagonistas que le ponen cara a la batalla diaria de las mayorías por acceder al derecho a la educación. Una batalla que no debería ser tal si fuera un derecho pleno en este país.

El alto costo del acceso se puede ver en la historia de Christian Quiñónez, que se despide de sus hijos todos los días antes de ir a la universidad y cruza el río Paraguay para estudiar derecho, sin saber si retornará vivo. O los docentes de la escuela Maricevich, en el norte del país, que deben resistir al acoso de grupos armados, militares, policías, narcos y sicarios para enseñar en sus comunidades. O en el relato de cómo para acceder a escuelas, 46 mil niñas y niños deben someterse al criadazgo, un sistema de servidumbre que los explota laboralmente.

Cuando el derecho a la educación no está garantizado, es negocio o la llave para la acumulación de poder político. Se puede ver en la historia de los dueños de universidades privadas que abren sucursales de enseñanza superior como heladerías, estafando a miles de estudiantes. Se nota en el desempeño del ministro de Educación Enrique Riera, que tan pronto apagó la primera revuelta de estudiantes secundarios que destituyó a su antecesora, se convirtió en uno de los principales aliados del presidente Horacio Cartes. Hoy es considerado posible candidato a la presidencia en el 2018 por el oficialista Partido Colorado.

La crisis de la educación pone en cuestionamiento el mismo modelo de producción actual, que debería generar los recursos para el bienestar de todos y todas. Si somos capaces de exportar vacas vivas por avión, ¿cómo es posible que escuelas se caigan sobre maestras y alumnos mientras dan clase?


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Alternativas para comer mejor en la ciudad y en el campo

Opciones de comercialización agroecológica para que puedas adquirir productos sanos en Asunción.

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En este apartado, te presentamos algunas alternativas de comercialización agroecológica para que puedas adquirir productos sanos en la ciudad. Cuando no tenés ferias a mano, estos emprendimientos te los acercan hasta tu casa, y como operan de forma semanal, el sistema te ayuda a organizar tus pedidos y compras.

Teniendo en cuenta que el eje orientador de estas alternativas es el vínculo entre campo y ciudad, es bueno saber de las experiencias exitosas que existen en el ámbito rural, para que productores y productoras —a su vez— incorporen esa producción sana a sus comunidades.

DE LA HUERTA ORGÁNICA

📱 0984 978 763
💻 facebook.com/DeLaHuertaOrganica

Es un emprendimiento que provee productos orgánicos, es decir, sin pesticidas, insecticidas, fungicidas, herbicidas ni químicos agrotóxicos. Funciona desde hace cuatro años y medio. Hace entregas a domicilio con menos de 24 horas de cosecha. La lista de productos disponibles se pide por correo electrónico, y una vez recibida se puede elegir según necesidad.

El impulsor de De la Huerta Orgánica es Carlos Díaz Meyer. Él vivió en los Estados Unidos hasta el 2010. Es arquitecto de profesión, trabajó en Washington en una empresa con otros 150 arquitectos. «Ganaba mucha plata pero no tenía vida, todo era trabajo y mucho estrés», cuenta.

De la Huerta Orgánica provee alimentos sanos de manera semanal a cerca de 60 familias de la ciudad.

En Nueva York se puso en contacto con el rubro gastronómico orgánico. Regresó a Paraguay y se metió en esto. «Yo vine de otro ámbito con poca experiencia. Me fui haciendo al andar. Me animé a tener mi huertita, me fui formando. Siempre estuvo en mí la cuestión de la salud, me fui desprendiendo de la visión occidental de la medicina y entendí que el alimento es pura medicina», expresa.

TU KOKUE

📱 0982 827998
💻 tukokue.strikingly.com
tukokue@gmail.com

Tu Kokue se define como una tribu de productores que vinculan la producción y el consumo de su comunidad con el equilibrio de la tierra. Hacen de nexo entre productores agroecológicos y la gente de la ciudad que quiere comer mejor pero no puede ir a buscar hasta donde están los productos.

El emprendimiento inició en 2013 con la llegada de Eva, la primera hija de Leticia Correa (33) y Raúl Soverina (30). Hoy, Eva tiene dos años y cuatro meses y a la familia se sumó Lila, de tres meses de edad.

«Nosotros teníamos la idea de comer sano con nuestra hija. Así empezó, como una iniciativa familiar para proveer a familias cercanas, y de ahí se fue extendiendo», cuenta Raúl.

En su página de Facebook y sitio web comparten semanalmente los productos disponibles. También envían la lista de productos por correo electrónico. Para las entregas cuentan con dos modalidades: delivery, que tiene un pequeño costo, o de retiro directo de los consumidores que lo hacen yendo a El Granel.

Si bien empezó como un emprendimiento familiar, a partir de 2016 Tu Kokue será una iniciativa colectiva, se cooperativizará entre un grupo de productores urbanos, quienes serán el nexo. Actualmente tienen alrededor de 50 familias que compran semanalmente sus productos.

Durante enero de 2016, Tu Kokue no hará repartos ya que ese mes, explican, la producción cae considerablemente.

MERCADITO CAMPESINO

📱 0984 752 438
💻 facebook.com/mercaditocampesino
mercaditocampesino@gmail.com

Mercadito Campesino es una causa que articula la búsqueda de consumidoras y consumidores responsables y solidarios, de productos sanos, con precios justos, fortaleciendo a los agricultores de las huertas familiares campesinas.

Según se lee en su fanpage de Facebook, este emprendimiento tuvo sus inicios en junio de 2014 a partir de un deseo común entre vecinos de unas cuadras del barrio Herrera de Asunción.

Ese deseo se hizo realidad y hoy es un trabajo constante, compensado con creces, tanto para los amigos y las amigas como para los agricultores y agricultoras de las huertas campesinas familiares, quienes son los verdaderos protagonistas.

Tiene cinco locales de entrega:

Barrio Herrera
📍Díaz León 3038 c/ Concejal Vargas
📱 0984 752 438, con Romy. Sábado de 9:00 a 17:00 hs

Barrio General Díaz
📍 Paraguarí 1511 esq. Lomas Valentinas (3ra Proyectada)
📱 0981 613 172, con Gabi. Sábado de 13:00 a 17:00 hs.

Santísima Trinidad
📍 Ramón Zubizarreta 639 c/ Stma. Trinidad
📱 Tel.: 0983 956 986, con Leti. Sábado de 9:00 a 14:00 hs.

Barrio Jara 
📍Rca. de Siria entre Pitiantuta y Tte. Cnel. Ayala Velazquez, Pizzería D’Alessandro.
📱 Sábado de 16:00 a 19:00 hs. Tel.: 0984 752 438, con Romy.

Barrio Cerro Corá, de Lambaré
📍Francisco Martínez 1175 casi Avenida San Isidro
📱 Tel.: 0971 665610, con José. Sábado de 9:00 hs. a 13:00 hs.

ECO AGRO

📱 0984 752 438
💻 ecoagro.org.py
ventas@ecoagro.org.py
📍 Ruta General Eugenio A. Garay y Cañada Solís, barrio Laurelty, San Lorenzo.


Eco Agro es una iniciativa social sin fines de lucro que busca apoyar y mejorar la calidad de vida de pequeños productores en Paraguay. Se fundó en el año 2001 bajo la Asociación de Productores Orgánicos (APRO), que procura comercializar la producción ecológica de sus pequeños productores miembros.

La APRO a su vez provee financiamiento, asesoramiento técnico, precios diferenciados y canales de comercialización para sus miembros. Fue fundada en 1999 como proyecto conjunto de Paraguay Orgánico y Altervida.

Eco Agro envía la lista de productos disponibles por correo electrónico. Los pedidos se reciben cada lunes y los miércoles se hacen las entregas a domicilio.

Actualmente hay tres alternativas para consumir sus productos: yendo a comprar al supermercado Los Jardines de Luque, que tiene un stand diferenciado; yendo a la propia tienda de Eco Agro, o mediante el sistema delivery.

Pablino Ferreira, del área de comercialización, cuenta que alrededor de 500 familias consumen actualmente sus productos. Cada semana tienen más o menos 150 pedidos y al menos 2.500 familias consumidoras ya han pasado por Eco Agro.

Amadeo Velázquez / Oxfam en Paraguay

ALGUNAS EXPERIENCIAS DE PRODUCCIÓN CAMPESINA SANA PARA LAS PROPIAS COMUNIDADES

OCRC

La Organización Campesina Regional de Concepción, con asiento en el distrito de Yvy Yaú, realiza semanalmente cuatro ferias con sus productos de finca: los días lunes y viernes en la terminal de ómnibus de Yvy Yaú; y los martes y viernes en el local de la Junta Comunal de la comunidad de Arroyito.

Las ferias en Yvy Yaú se hacen desde hace diez años, pero registró un salto hace dos porque la gente busca cada vez más productos agroecológicos.

Los alimentos se trasladan tanto en vehículos alquilados como en colectivos del transporte público.En cuanto a ingresos, de acuerdo a la feriante Ester Salinas, se salvan los gastos del hogar y esto da cierta independencia económica. «Como yo entiendo, la mujer es la protagonista, pero también complementan nuestro trabajo nuestros maridos e hijos», cuenta Ester.

COORDINADORA DE FERIANTES DE HORQUETA Y MESA COORDINADORA EN CONCEPCIÓN

Estas dos articulaciones reúnen a comités de ambos distritos y están integradas por distintas organizaciones regionales, y es especial la participación de mujeres productoras.

En Horqueta, la Coordinadora de Feriantes realiza hasta tres veces por semana las ferias en la plaza Antequera y Castro del casco urbano de dicha ciudad.

En la capital del Departamento, la Mesa Coordinadora de Feriantes cuenta con el apoyo logístico de instituciones del Estado, particularmente la DEAG. Conforman una mesa mixta y realizan las ferias una vez a la semana en el tinglado de esta mesa coordinadora.

A través de la comercialización alternativa en las ferias, los productos campesinos han ganado un buen prestigio, tanto por la calidad natural y por el buen precio, explica Arnaldo Mendoza, referente de las familias de Horqueta.

Para estas familias, la parte más importante, en cuanto a ingresos económicos, viene de esta fuente, cuenta Arnaldo.

A nivel de comunidades, también los comités suelen realizar ferias esporádicas en locales comunitarios. Una de las limitaciones de algunos comités es la falta de transporte independiente que asegure que puedan llegar a la ciudad con sus alimentos.

OLT

La Organización de Lucha por la Tierra participa de ferias anuales o esporádicas que se realizan principalmente en Asunción, como la Jakaru Porã Haguã u otras a las cuales son invitadas. No realizan actualmente ferias regionales periódicas, debido a la gran limitación de transporte y acceso a los centros urbanos.

El único lugar donde se realizaban ferias mensuales era en Pilar, Departamento de Ñe’embucú, pero ahora se suspendieron por los últimos temporales, explicó Diosnel Sachelaridi, coordinador general de la organización.

El asentamiento Primero de Marzo Joaju suele realizar esporádicas ferias campesinas en plazas capitalinas. Cuando estas tienen apoyo logístico de instituciones, esto es de gran importancia para las familias feriantes, debido a que con así garantizan la presencia de compradores, pero por sobre todo siempre se gana.

«TEKOPORÃ REKÁVO» EN SAN PEDRO DEL PARANÁ

Desde 2007, cada viernes, alrededor de 50 familias productoras de los distritos de San Pedro del Paraná y José Leandro Oviedo (a 350 km de la capital paraguaya) comercializan sus productos de chacra en el centro urbano sampedrano.

En total conforman nueve comités, alrededor de 2.500 consumidores que lograron desarrollar el hábito de esperar a que llegue el día y comprar alimentos frescos y a buen precio.

El ritmo se rompe en épocas de fiestas nacionales, como Semana Santa o Navidad, y se redoblan esfuerzos para feriar dos días a la semana, martes y viernes.

La experiencia de la organización «Tekoporã Rekávo» contagió a otros comités que empiezan a replicar las ferias, y esto ha conferido una imagen casi turística a San Pedro, referenciándola como la ciudad de las ferias campesinas.

Cuenta Blanca Méndez, de la Pastoral Social de San Pedro del Paraná, que desde 2009 la organización ha mostrado una independencia económica visible, gestionándose todos los medios para cumplir sus objetivos, y este ejercicio también ha fomentado la planificación de las chacras familiares.

Las familias que se desplazan desde José Leandro Oviedo para vender en las ferias de San Pedro, cuentan con el apoyo logístico de la municipalidad local, que las asiste con vehículos o combustible, o incluso con la donación de carrimotos.

CONAMURI

La Coordinadora Nacional de Organización de Mujeres Rurales e Indígenas es conocida por realizar mensualmente una feria en Asunción. Sin embargo, las ferias regionales en las ciudades de San Pedro del Ycuamandiyú, Guairá, Itapúa y Alto Paraná, generalmente son los sábados por la mañana.

Dependiendo de la producción, en estos lugares se hace una y hasta dos ferias al mes.

«Hacemos ferias de productos pero también de comidas tradicionales, para explicar no solo cómo se hacen estos platos, sino para expresar, a través de esto, la cultura y la necesidad de recuperar estas recetas», dice Josefina Ruiz Díaz, referente de San Pedro.

Cuenta que la gente se da cuenta de que sus productos son sanos y agroecológicos, cosa que no se encuentra prácticamente en las ciudades.

Esta práctica la tienen desde 2003, cuando empezaron campañas comunicacionales sobre cultivos campesinos, combinando estos espacios con la formación de voceros y voceras que hablaban sobre los valores de las semillas locales, y trataban de sensibilizar al consumidor o la consumidora sobre la situación actual de la alimentación.

Esto «da sustento a la gente en sus casas y se logra vender la sobreproducción», dice Josefina.

 Semilla Roga es otra de las iniciativas de CONAMURI •

FERIA CENTRAL DE PRODUCTORES HORTIGRANJEROS DE ALTO PARANÁ

Una de las experiencias más emblemáticas de ferias regionales del país es la de las 300 a 350 familias campesinas que todos los miércoles, jueves y viernes ferian en el tinglado de la terminal de ómnibus de Ciudad del Este, la capital del Departamento de Alto Paraná.

Unos 1.600 pequeños agricultores forman parte de la articulación formada en 1997, por lo que alrededor de 6 mil personas son beneficiadas directamente con las ventas.

Este volumen de actividades, en tanto, favorece hasta a 6 mil consumidores, a la vez que semanalmente realizan la compra de productos frescos para abastecer la casa toda la semana.

La Feria Central está formada por 18 de los 21 distritos que existen en Alto Paraná, la región más sojera del Paraguay.

En total suman 106 comités productores, con la suficiente fuerza para vender al menos 400 millones de guaraníes por semana, estimativamente.

Martín Martínez participa como referente de los comités del distrito de Minga Porã y explica que para las familias es un orgullo, en medio del acaparamiento sojero, ofrecer cada semana alimentos frescos, agroecológicos y saludables para la gente.

El desarrollo de esta experiencia, inclusive, traspasó las fronteras y fue modelo de comercialización en encuentros continentales en países vecinos.

Dice que aprendieron y tienen mucha experiencia sobre ferias y que cuentan con reglamentos, estatutos y principios, entre los que figuran que solamente se comercializan en las ferias productos del Departamento que son de producción familiar y de pequeñas fincas, con una lógica directa desde el productor al consumidor, «resistiendo y defendiendo nuestra comida y nuestra cultura, esos son nuestros principios», señala Martín

Refrescante remedio: Aloja

Con el calor del verano paraguayo haciéndose cada día más presente, tener a mano un poco de refrescante aloja preparada con la botánica tradicional y cítricos es una muy buena idea.

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https://www.youtube.com/watch?v=AqPTqnWddQs

A decir de Ignacio Fontclara «es a la vez un refresco y un remedio». Esta receta, muy sencilla, te va a enseñar a prepararla para consumir a cualquier hora del día.

Acordate que como todo en la cocina popular, las medidas citadas no son exactas, sino una guía. Lo mismo se aplica para los ingredientes. ¡Pedile a tu yuyera de preferencia que te ayude a combinar tu propio preparado con diferentes alternativas!

La combinación de yuyos queda a tu cargo • Martín Crespo

Para un litro y medio de aloja, en esta ocasión utilizamos:

Un limón taití. Un mazo de perejil
Un mazo de agrial
Un mazo de menta’i
Media taza miel de caña
Seis pakurí

«Es especial para yerar y digerir todo lo que consumimos en estas fiestas» comenta Luci Espinosa, parte del Masterado en Cocina y Alimentación en el Paraguay. «La aloja es una bebida fácil de preparar que, sin embargo, en la ciudad no se comercializa» comenta.

¡Fresco! • Martín Crespo

Lo que tenés que hacer es: Pelá los pakuri y ponelos en una licuadora junto al perejil, el agrial, la menta’i y el limón, cortado. Añadile hielo en abundancia, agua y la miel de caña.

Licuá todo. Colás. Y servís. Ya está. Una sana alternativa para hidratarse.

¡Salud!

Ferias y mercados: calidad, diversidad y conocimiento a precios justos

Optar por una feria como espacio para comprar productos agroecológicos no solo implica conseguir una oferta diferente, fresca y saludable, si no otra manera de relacionarnos con la sociedad.

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Optar por una feria como espacio para abastecerse de productos agroecológicos es un movimiento en alza, en donde actores del campo y la ciudad aúnan esfuerzos para lograr mayor vinculación. No solo implica conseguir una oferta diferente, fresca y saludable, sino que es un cambio -o un retorno- de chip para relacionarnos de otra manera en esta interacción de índole social y económica.

Mirándola desde afuera, la plaza es despliegue de colores y algarabía. Casi imposible no atrapar la curiosidad del transeúnte que un rato antes no tenía previsto meterse ahí. Ahora, ya en los vericuetos que forman los puestos campesinos, lo envuelven distintos olores y sabores. Allí, con profundo placer aspira de un tomate el aroma dulzón que no conocía en ese fruto. ¿Cómo es que huele tan diferente?, se pregunta el transeúnte, y del otro lado del puesto responde la voz cualificada de la productora, devenida comerciante, que sembró y cosechó la fruta. El intercambio se concreta y ambos se despiden como grandes amigos.

Las ferias vendrían a ser las versiones itinerantes de lo que son los mercados. Durante décadas del siglo XX, el Mercado Guasu —que estaba situado en la que hoy es la Plaza de la Democracia— fue el epicentro no solo de ventas y trueques de objetos y productos útiles para el hogar. Fue, además, el sitio del que discurrían noticias de lo que hacía la gente del campo, e incluso de intercambio de chismes políticos, cuenta la historiadora Ana Barreto. Esto fue hasta 1940, que es cuando se muda y pasa a ser lo que hoy es el Mercado 4, un sitio también emblemático de ofertas y personajes variopintos.

Nadia Mercado es integrante del movimiento internacional Slow Food Paraguay –Karu Mbegue. Como además es nutricionista, la alimentación es un tema de reflexión diaria para ella. «Este año se hicieron muchas ferias y aumentaron los servicios delivery de productos agroecológicos, ya es algo que se está tornando más seguido y constante. El desafío es que esto se haga de manera semanal y en más ciudades, y que así se convierta en un movimiento económico. A mí me da pena tener que ir al súper y comprar frutas que se traen de afuera, siendo que acá tenemos tanto. Eso pasa porque no se potencian los medios para que ellos [los productores nacionales] puedan colocar sus productos», dice Nadia.

Si bien el movimiento de las ferias agroecológicas está cobrando ímpetu y va incorporando innovaciones en sus apariciones en espacios urbanos, este fenómeno se sostiene en paralelo y pese al supermercadismo, ese modelo de comercio impersonal y acaparador que durante los años 90 casi sofocó a los mercados municipales y ferias vecinales, según explica el economista Luis Rojas. Sí, el supermercado, que con sus características oligopólicas en un solo local vende de todo y cautiva a muchos.

LA TRAMPA DE LA INTERMEDIACIÓN

«El supermercadismo es toda una cultura de la inmediatez, de lo desechable, que viene aparejada con la expansión del mercado mundial y del poder del capital transnacional. Así como el shopping, es el templo del consumo. En su proceso de expansión y por su enorme poder económico, fue eliminando de sus cercanías a todo tipo de competencia de menor capital, como las panaderías, las carnicerías, verdulerías o a las fruterías barriales, incluso las despensas. De igual modo, fueron desplazando a los mercados municipales tradicionales de los barrios», analiza el economista Luis Rojas.

Tan grande es el caudal de capital que manejan que «frente a los proveedores de productos, agrícolas o industriales, los supermercados se constituyen en los principales compradores, y muchas veces abusan de aquellos por su posición dominante en el mercado», sigue diciendo Luis. Esto me recuerda a un detalle que el cocinero Ignacio Fontclara había mencionado en una entrevista reciente: los supermercados reciben los productos y pagan a 120 días, y muchas veces devuelven lo no vendido.

Al vender en las ferias, las productoras pueden cobrar por su producto un mejor precio para el consumidor que vendiendo a los supermercados, pero con más ganancia para ellas.

Para Alicia Amarilla, referente de la Coordinadora Nacional de Mujeres Rurales e indígenas (Conamuri) la feria promueve el valor del trabajo de las productoras que vienen a vender lo suyo de manera directa. Ocurre que en su chacra van los intermediarios y les ofrecen comprar la mandioca, por ejemplo, a 100 guaraníes el kilo, un monto que subvalora todo su esfuerzo. Al vender en las ferias, pueden cobrar por su producto un mejor precio para los consumidores que vendiendo a los supermercados, pero con más ganancia para ellas. Alicia explica que en esas condiciones los productos no tienen por qué tener un precio más elevado que en los supermercados.

Pero una feria no solo promueve tratos más justos para la campesina y el campesino, también plantea que la persona que vaya a comprar de esos espacios encuentre calidez, cercanía y confianza hacia quien le vende algo que va a consumir. Es un espacio de socialización y, como tendencia, suele ser más amigable y humano.

Las ferias motivan una particular conexión entre campo y ciudad • Amadeo Velázquez / Oxfam en Paraguay

ESPACIOS DE SABERES Y SABORES

Esteban tiene una costumbre que casi nadie tiene: lee las etiquetas de los alimentos. En caso de encontrar alguna duda, ya sea sobre la denominación del contenido u otra relacionada a la comida que quiere llevar, ¿a quién podría recurrir dentro de un supermercado para que le brinde una respuesta? Por ese y otros detalles similares le resulta inquietante ir de compras a esos sitios. ¿Qué podrían decirle la cajera, el repositor, la promotora o el guardia? ¿Podría alguien del súper responder, por ejemplo, qué variedades de legumbres se necesitan para hacer un caldo de jopara? ¿O cómo se cultiva el zapallo? ¿Qué relación se establece entre él, consumidor, y ellos?

«Las variedades están desapareciendo. En las ferias podemos hacer comida y hablar con la gente sobre el acaparamiento de alimentos que hacen las grandes empresas y supermercados», dice Alicia de Conamuri. ¿Qué sucede con el maíz? A lo mejor no resulta tan pedagógico convocar a conferencias y debates para explicar los perjuicios que el negocio de los transgénicos está causando en la producción de este ingrediente, que es base de la alimentación en el campo

Alicia propone en las ferias llamar a una gran comilona de avati y mostrar toda la variedad de comidas que con el maíz se puede preparar: so’o apu’a, ka’i ku’a, rora, mbaipy, chipa guasu y muchos otros platos. Nadia, de Karu Mbegue, está en la misma sintonía pues cree que las ferias son espacios pertinentes para rescatar postres populares como, por ejemplo, el ka’i ladrillo. «No tenemos que permitir que acabe y terminar leyendo en los libros que eso antes se consumía», dice con determinación.

El antropólogo Guillermo Sequera comenta que los franceses tienen registradas 365 variedades de quesos que se promocionan y se venden y son un patrimonio cultural, pero ese resultado es parte de un esfuerzo de valoración.

En este sentido, el antropólogo Guillermo Sequera opina que a las ferias hay que dotarlas de contenido.Cree que son espacios propicios para alertar a la población que mayormente está consumiendo veneno. Así como está el mercado de la alimentación, él sostiene que el sistema nos hace perder la oportunidad de deleitarnos en probar otros frutos. Por eso, habla también de que es necesario dignificar la dimensión cultural de los pueblos. De ejemplo pone a los franceses, que tienen registradas 365 variedades de quesos que se promocionan y se venden y son un patrimonio cultural, pero ese resultado es parte de un esfuerzo de valoración.

En las ferias gana el consumidor y el productor • Amadeo Velázquez / Oxfam en Paraguay

La gran industria alimenticia nos obliga a hacer menos variada nuestra alimentación al ofrecernos siempre lo mismo. Algunos que claramente son propios de una estación o zona, pero a fuerza de insistir con su presencia en las góndolas de supermercados nos han hecho creer que debemos comer siempre eso. Comer sano es comer variado, incorporando en esto a los frutos de estación, que es a lo que apuntan las ferias.

ESPACIOS QUE PUEDEN EDUCARNOS PARA COMER MEJOR

Nunca se me olvida lo que me dijo Margarita una vez. Fue un comentario como al paso, pero de esos que se prenden como un tatuaje en la memoria, de esos que hacen click en uno. Ella dijo: «Qué sabia es la naturaleza, ¿verdad?; justo cuando viene el frío y empieza la época de los resfríos, nos llena de cítricos repletos de vitamina C». Y esto me resultó tan lógico que me llevó a otros pensamientos: ¿por qué todo el año tenemos que comer tomate, por ejemplo? ¿Acaso la naturaleza no es sabia y nos da los frutos que necesitamos según la estación?

En las ferias, las mujeres que integran Conamuri promueven su trabajo de producción y comparten sus saberes, que muchas veces se pierden en la ciudad. Esto es para ellas una política de alianza entre el campo y la ciudad. Rescatan la cultura alimentaria local acercando los conocimientos y recetas de sus abuelas e invitando a un ensayo en el que ofrecen productos de la época.

Las ferias promueven actividades de aprendizaje más allá del intercambio de alimentos • Amadeo Velázquez / Oxfam en Paraguay

«La gente puede no saber que tiene que comer cuatro porciones de fruta y verduras al día, pero si tiene un puesto (feria) que le acerque estos productos, lo hará. La fruta también es comida rápida, pero desde otra lógica. Por eso, mientras más apoyemos este tipo de iniciativas estas se extenderán», evalúa Nadia. La comida rápida es una respuesta a un modo de vivir acelerado, que especialmente se ve en gente de los centros urbanos. La industria alimentaria es hábil para satisfacer eso y pone a mano lugares para comer aquello que es más rápido.

A medida que las ferias de este tipo vayan proliferando y se crucen en el camino de las personas, estas se preguntarán por qué hay tantos espacios que ahora venden frutas y verduras, qué es lo agroecológico de lo que tanto hablan. «Estaremos propiciando futuros consumidores», resume Nadia. Con esto vemos, una vez más, que la pedagogía se está renovando. Consiste en dar cabida a las alternativas más que a las problemáticas.

LAS MUJERES COMO PROTAGONISTAS DE ESOS ESPACIOS

Blanca está organizada en un comité de mujeres productoras. En el proceso que ha tenido con sus compañeras han definido que el mejor modelo de producción es el agroecológico, el que se lleva adelante en armonía con el medioambiente y del que se obtienen resultados más sanos. Extrañamente, su marido, que ha venido haciendo otro proceso, se entusiasma hablando del modelo de producción a gran escala y lleva a la casa «semillas mejoradas», las que vienen aparejadas con el uso de agrotóxicos.

 

El relato de arriba pinta un fenómeno interesante que comenta Alicia de Conamuri. En cuanto a lo agroecológico, es en la mujer en quien más profundo cala este sistema. «Con el varón es más difícil. Están más con el tema del mercado y la comercialización a gran escala, esta política de modelo de producción les cautiva. Y el Ministerio de Agricultura deja de lado a las mujeres en temas de producción y políticas públicas, no estamos dentro de ese paquete. No se valora ni se reconoce a la mujer como agricultora», explica.

Las ferias tienen un significado político para las mujeres: primero para promover la producción agroecológica y segundo para hacer visible el trabajo de la mujer en el campo.

En este contexto es que las ferias tienen para ellas un significado político: primero para promover la producción agroecológica y segundo para hacer visible el trabajo de la mujer en el campo, la mayoría son productos del trabajo de ellas. Verduras, carne de cerdo, queso, leche, medicina natural...

Fuente: OXFAM -FAO - PNUD

En el documental audiovisual Mercadocuátrope, que recoge la historia del Mercado 4, la historiadora Milda Rivarola explica que el antiguo Mercado Guasu era un punto de encuentro casi preponderantemente de mujeres, en donde iban a vender y a comprar para sostener el hogar. «Las vendedoras son mujeres porque el producto es de ellas. El hombre se dedicaba a cosechar yerba mate, pescar y a hacer el servicio militar…», dice Milda en el documental.

En las ferias, lo que se fomenta es la buena comercialización y el reconocimiento social del productor y consumidor, reflexiona Guillermo Sequera. Además, son una manera de establecer espacios de oxigenación de nuestra sociedad. Él propone no solo retomarlas sino también tener alta creatividad para imaginarlas y hasta incluso llamarlas de otra manera, de ser necesario; pero nunca perder de vista que el norte sea la dignificación del producto y la cultura.

Las mujeres son las grandes protagonistas en los mercados y ferias • Pablo Tosco / Oxfam en Paraguay

QUÉ DICEN LAS MUJERES PRODUCTORAS DE LAS FERIAS

Perla María Rodríguez (39), doña Clemencia Román (64), Mercedes Prieto, (47) y Ester Salinas (37) son productoras integrantes de la Organización Campesina Regional de Concepción (OCRC).

Respecto al efecto que en sus vidas han tenido las ferias, tanto locales como en la capital, los testimonios dan cuenta. «Invierto en estudiar, culminar mis estudios en Ciencias de la Educación», comenta Perla, similar a Mercedes, quien asegura que es una mujer independiente hoy en día. Por su parte, Clemencia afirma que sus niños son más sanos porque comen productos orgánicos. Ester, la más joven, enfatiza: «Gracias a la feria pude comprar mi tierra».

Perla María Rodríguez, de la OCRC • Amadeo Velázquez / Oxfam en Paraguay

Del matrimonio conformado por Juan Ramón Arce (40) y Juana Ángela Jara (35), también miembros de la OCRC, se destaca el testimonio más desde un cambio de filosofía. «La feria hizo que los campesinos abandonen el monocultivo, tengan una producción continua y con ello un retorno inmediato. Por eso queremos intensificar la feria y organizar formaciones para los consumidores, que valoren la calidad de los alimentos. La feria conlleva una filosofía sobre los modelos productivos, la higiene y la calidad», aseguran confiados.

Doña Clemencia Román, de la OCRC • Amadeo Velázquez / Oxfam en Paraguay

Es un ida y vuelta de beneficios en expansión, ya que al insistir con ferias permanentes la consumidora y el consumidor van teniendo más opciones de comer y comprar mejor. En el campo, lo que ocurre es que la persistencia de estos espacios les empuja a diseñar un plan de producción. «Eso te obliga a producir y planificar en calidad. A las mujeres les motiva las ferias. Su aporte en el hogar no era visible, no podía vender su producción, siempre estuvo sometida a violencia económica y, al tener un poco de recursos, esto les libera», agrega Alicia Amarilla, de Conamuri.

Mercedes Prieto, de la OCRC • Amadeo Velázquez / Oxfam en Paraguay

Pero un tema también es ineludible: tanto abandono de políticas públicas se encargó de instalar la idea de que los mercados y las ferias son lugares feos y sucios. Entonces, ¿qué estrategias, qué alianzas se pueden implementar para potenciar y mejorar estos espacios?

Ester Salinas , de la OCRC • Amadeo Velázquez / Oxfam en Paraguay

EN BUSCA DE APOYO MUNICIPAL

El nuevo gobierno municipal que asume este mes genera muchas expectativas en todos los sectores de la capital paraguaya. El sector del campo y la ciudad, que vienen ejercitándose en un interesante entrenamiento de vinculación, se sienten así también expectantes.

Tanto Nadia de Slow Food, como Alicia de Conamuri, coinciden en que se deben potenciar los alimentos artesanales y del campo. Promoverlos. Ayudarles a que produzcan mejor en cuanto a calidad, higiene, presentación, etiqueta e imagen.

¿No sería estratégico, acaso, un convenio con la Municipalidad de Asunción para que esta pueda apoyar a un espacio que funcione como mercadito campesino? Se podría, además, pensar en días que toque vender a determinado grupo. Apuntar a una permanencia de local de comidas y productos y trabajar con la gente capacitación para higiene, presentación y mercadeo podrían ser también opciones válidas para un potencial convenio entre la Comuna y las ferias barriales.

Ferias y mercados: ¿impulsará la nuevas administración Municipal este tipo de emprendimientos • Juan Carlos Meza / Fotociclo

Sería igualmente positivo que en estos se puedan hacer otro tipo de ejercicios que vayan más allá de lo mercantil. Las ideas fluyen: volver a los trueques, a las ferias de garajes. No quedarnos solo con la venta, sino también probar con el intercambio. Promover la huerta urbana. Y como la lógica de todo esto no es el lucro, sino buscar nuevos modos de relacionarse y de dignificar el trabajo y el consumo, tal vez vayamos convirtiéndonos en seres más humanos, más libres y a la vez sensatos.

Acaso podemos hacer otro ejercicio más, el de hacer nuestras las palabras del escritor y activista por la alimentación agroecológica, Gustavo Duch: «Mucha gente pequeña, en muchos lugares pequeños, cultivarán pequeños huertos… que alimentarán al mundo».